Algo he escrito sobre la censura en todos los ámbitos de la vida. Recuerdo algún artículo sobre LoSantos, en el abogaba contra las voces que pedían que se le cerrara el programa de radio, contra la censura a los creadores, contra la censura en Facebook, contra la censura de nuestros cuerpos en la playa, contra la censura en el arte… unos cuantos artículos. Lo que nunca pensé es que tendría que escribir un artículo en el que se hablara de colectivos que han sufrido la censura en sus propias carnes, o cosas peores, y ahora quieren ejercerla ellos. Hay incongruencias que, cuando las cometen ciertos colectivos, no se puede tildar de otra forma que propias de imbéciles – sí, sí, lo que digo, para que quede claro, es que quienes cometen esas incongruencias son, por ende, imbéciles-. ¿Alguien me podría explicar que hay más imbécil que pertenecer a un colectivo que, de por si, ha estado prohibido durante mucho, mucho, mucho tiempo, teniendo que llevar una vida sexual escondida, siempre a riesgo de terminar con los huesos en la cárcel, cuando no expuesto a palizas, maltratos o cosas peores, y, cuando por fin consiguen vivir de forma abierta, con los mismos derechos que el resto de los ciudadanos y sin cortapisas, resulta que pretenden hacer lo mismo que se les ha hecho a ellos?
Escuchen música mientras leen, me lo agradecerán
No, no hablo de los israelíes, que bien que podría, hablo del colectivo homosexual.
Se podría pensar que haber pasado por el calvario que he descrito para llegar hasta aquí daría cierta capacidad de tolerancia, cierta… perspectiva. Pues no es así. Está visto que la gangrena de la intolerancia es algo que marca nuestra sociedad en todos sus aspectos. Es decir, no por ser homosexual se salva uno de ser idiota, capullo, tontolama, censurador e intolerante. Y no hace nada pudimos ver muestra de lo que digo a la entrada del concierto del cantante Sizzla en la sala Capitol de Santiago de Compostela – a propósito, el 5 de noviembre tendrá lugar un concierto de James Hunter, que ha sido tildado de machista por colectivos feministas anglosajones por el vídeo de su canción She’s Got a Way, cuando, a todas luces, el vídeo sólo pretende ser divertido-. Si bien es cierto que Sizzla pertenece a la secta rastafari integrista Bobo Ashanti, que no son precisamente famosos por su aprecio a mujeres y homosexuales, no es menos cierto que es uno de los máximos representantes, bajo mi punto de vista el máximo representante, del dancehall, evolución electrónica de aquel reggae original que cantara Bob Marley.
Todo esto me plantea una duda. Como resulta que el gobierno iraní se dedica a colgar homosexuales por ser lo que son… si viniera a nuestro país el grupo de música Mehr Ain, dirigido por Majid Ajshabi, islamista radical reconocido y declarado… ¿Se boicotearía el concierto? Pues va a ser que no. Ese concierto tuvo lugar el 31 de marzo de 2008 en Madrid, y no pasó absolutamente nada, aparte de que, quien así lo quiso, lo disfrutó, de lo cual hay que dar las gracias a la embajada iraní en Madrid. Claro que, estoy convencido, los colectivos de gays y lesbianas no tenían ni la más repajolera idea de quién es Majid Ajshabi. Es más, que Majid Ajshabi sea islamista radical no tiene absolutamente nada que ver con que la música que interpreta su grupo sea una maravilla, como no tiene nada que ver que Sizzla sea un homófobo declarado con que su música sea una maravilla. A ver, repitan conmigo señoras y señores gays y lesbianas, prohibido prohibir, la libertad empieza por una prohibición. Querer censurar el arte es de gilipuertas. Y no funciona en una sola dirección, funciona en todas las direcciones, es decir, no por ser alguien homosexual deja de ser un intolerante de mierda, y ya saben ustedes a dónde lleva la intolerancia, ¿O no lo saben?
Esta canción que escuchan de fondo es del grupo The Cure, aunque en esta versión no sean ellos los que canten, y se titula Killing an arab. Levantó gran polémica cuando se puso por primera vez en la radio, grupos de gilipuertas llamaron racistas a The Cure, montaban manifestaciones a la puerta de sus conciertos y pedían que se les prohibiera tocar. Lo gracioso del caso es que la canción está basada en el libro El extranjero, de Albert Camus, libro que, leído sin tener la perspectiva de que fue publicado en 1942, daría la impresión de que Camus era un racista de mierda, y no lo era.
Señoras y señores gays y lesbianas, la censura jamás ha solucionado nada, sólo aventa la intolerancia, es más, puedo poner ejemplos, que seguro conocen, en los que la censura sólo ha conseguido empeorar las cosas, cuando no sacarlas de madre. El tema de Sizzla es tan simple como advertir a quien lo escuche que el cantante pertenece a una secta rastafari integrista misógina y homófoba, así de simple, pero cuando uno se erige en promotor de la prohibición de su música, de la censura de su música, también se erige en censurador, intolerante e imbécil. Se convierte en lo mismo que aquellos que forman la secta del señor Sizzla. Es más, cuando ustedes se erigen en promotores de la censura, sea por la razón que sea, están dando pábulo a que también se les censure a ustedes, sea por la razón que sea. No se cambian las cosas prohibiendo el arte, se cambian educando a quien lo disfruta para que lo entienda.
No sé si me explico.
Buenas noches, y buena suerte…
Ôo-~

Albert T.C.
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Creo que deberías tener más en cuenta si la prohibición se debe a algo deplorable, en contra de la libertad común,… o por el contrario es cüestión de “gusto” o afinidad a unos determinados valores radicales.
Censurar lo “malo”, lo “despectivo”, cuando ello está probado (y sabemos realmente que lo es), no me parece imbécil.
Lo que sí me parece de imbéciles es oir ciertas -canciones-, afirmaciones,… despreciando a dichos colectivos; tan dignos como otros, pero por desgracia pisoteados; ya sean mujeres, homosexuales, etc.
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Un saludo Santi!!!
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02 Nov, 2009 a las 4:05 pm
Santi Benítez
Siento decirlo, pero es que el arte no es deplorable, puede ser incomprendido, repulsivo, falto de delicadeza e incluso de dudoso gusto, pero no deplorable y menos ofensivo – normalmente quien dice que una obra de arte es ofensiva, si se le pregunta por qué, saca a pasear lo moralmente repudiable de aquello que le ofende, y este caso no es diferente-.
Cualquier obra artística puede ser del gusto de alguien, o no, pero de ahí a que se la censure, va un potosí. De censurar el arte a quemar libros hay un paso muy cortito, y no se puede estar en las maduras cuando, no hace nada, se estaba en las duras. Lo que pasa es que se olvida muy rápido que los intolerantes eran otros, de ahí que convertirse en intolerante les sea tan sencillo.
Ôo-~
02 Nov, 2009 a las 4:20 pm
Resumen semanal RBS | Entre Códigos
[...] Santi Benitez: ¿Bandera de la tolerancia? Ja! [...]
03 Nov, 2009 a las 3:11 am