Code is poetry… y en política, más

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No basta con hacerlo bien, hay que explicar lo que se hace para que, quien esté atento a ello, entienda cuales son los parámetros dentro de los cuales no sólo se hace lo que se hace, sino también por qué se hace como se hace“. Esta frase es de Don Sergio Bodighliani, ingeniero informático y profesor de programación de aplicaciones informáticas. Con ella quería explicar la pulcritud y la elegancia a la hora de programar, de forma que, si alguien coge el código de una aplicación determinada, de una web determinada, sepa a qué se refiere dicho código sin tener que darle muchas vueltas. Claridad. Eso sí, que no se explique el código, no significa que el programador sea malo, se puede programar de forma estupenda y no ser pulcro ni claro al hacerlo, pero no es lo aconsejable. Tampoco significa que uno tenga que explicar lo obvio, eso también es contraproducente, pero sí aquello que facilita su entendimiento ahorrando trabajo a cualquier otro programador. Esa frase, tan elemental para cualquier programador con dos dedos de frente, sirve igual para cualquier político, sobre todo si gobierna.

Escuche música mientras lee, me lo agradecerá

Pueden comprobar que, hasta hoy, no he escrito ningún artículo sobre el Alakrana. No lo he hecho por varias razones, la primordial porque creo a pie juntillas que hay que dejar trabajar a los responsables sin la presión de otro tipo de cosas – soy de los que pienso que, incluso cuando hablamos de artículos de opinión, uno debe ser prudente, sobre todo cuando hay vidas de por medio-. Para cualquiera que desconozca el ámbito geográfico en el que se desarrolla el drama del Alakrana le será difícil entender que no se pueda intervenir a través del gobierno de Somalia para acabar con el secuestro del buque. La razón es simple, no existe gobierno en Somalia. De ahí que los piratas somalíes campen por sus respetos en la costa y tengan la capacidad para mantener secuestrados a varios buques, porque hay varios buques secuestrados, no sólo el Alakrana, frente a sus bases en tierra, sin que nadie les tosa. A esto hay que sumarle que, en vista de ello, no es que un gobierno cualquiera pueda plantar allí un negociador para hablar con el jefe de los piratas, es muy posible que si se hiciera así, el gobierno que lo hiciera terminara pagando también por liberar al negociador, si es que no le pegan dos tiros. Es decir, hay que utilizar los medios adecuados para negociar, y eso lleva tiempo.

También hay que tener en cuenta que en una negociación de este tipo hay una parte que negocia en una posición de fuerza, y otra que lo hace en una posición de debilidad. En el caso del Alakrana la posición de fuerza pertenece a los piratas somalíes, mientras que el gobierno español lo hace desde una posición de debilidad. La razón es simple. Mientras que los piratas no tienen ningún tipo de freno frente a la negociación – nada les impide pedir el oro y el moro-, el gobierno tiene como límite y responsabilidad, en todo aquello que haga o vaya a hacer, el bienestar de la tripulación del barco. Eso significa que cualquier paso que dé el gobierno debe estar bien calibrado a fin de no dar más capacidad para fortalecer a la otra parte o impulsarlos a medidas más severas, y eso lleva tiempo.

Cualquier gobierno está obligado por las leyes y sometido a ellas. Es decir, si se detiene a piratas relacionados con el secuestro del Alakrana, aunque sean detenidos por el estamento militar desplegado en la zona, estos deben ser llevados ante la justicia española. No existe ninguna otra cosa posible al respecto, porque el gobierno está obligado y sometido a las leyes, y un criminal, un pirata somalí lo es, debe ser llevado ante la justicia. No existe contrapartida, es decir, no por detener a unos piratas el resto de sus compañeros van a soltar a los marineros del atunero. Pero sí da cierta capacidad de obtención de información y de calibrado de la situación que no se podía haber obtenido si no se les hubiera capturado. Además, se incluye en la negociación un parámetro que los piratas no habían tenido en cuenta, con lo que el equilibro de negociación se hace más favorable, detro de la debilidad de la posición, al gobierno. Pero eso lleva tiempo.

El gobierno está obligado a ser prudente con cualquier información que dé al respecto, porque desde una posición de debilidad no tiene lógica que se facilite munición a la parte que ostenta la posición de fuerza. Es más, no es extraño pensar que cualquier tipo de declaración, o filtración de información, esta llegue a los piratas – sería bastante ingenuo pensar que los piratas trabajan sin ojos y oídos fuera de la costa somalí-. Es decir, las penosas declaraciones de la oposición, las penosas declaraciones de los familiares de los marineros, por muy entendibles que sean estas últimas, no hacen más que fortalecer la posición de fuerza de los piratas y restan capacidad de negociación al gobierno, retrasando, más aún, el buen fin de la negociación. En el caso de la oposición hablamos de irresponsabilidad – nada nuevo bajo el sol-, en el caso de los familiares hablamos de desconocimiento, aunque, como digo, en este ultimo caso es entendible. Tanto las declaraciones de la oposición, como las declaraciones de los familiares, sólo muestran a los piratas hasta donde está presionada la otra parte que está negociando con ellos, lo que retrasa, más aún, el final de la negociación. Prueba de ello es que, cuando los familiares presionaron al gobierno con la manifestación, el propio patrón del barco decía que los piratas habían subido al barco sonrientes y simpáticos.

Todo esto que he expuesto no me correspondía a mi explicarlo. Ni siquiera le correspondía explicarlo al Presidente del gobierno, ayer, en la cumbre hispano-polaca. Tampoco le corresponde explicarlo al Ministerio de Exteriores, ni al de Defensa. Voy a repetir lo mismo que he dicho en otro artículo, no tenemos malos dirigentes, tenemos malos gestores de las herramientas que deben ser usadas para explicar lo que hace el gobierno a la ciudadanía.

Y ahora, quisiera dar mi opinión sobre el Alakrana. Quiero ser claro.

Primero, el barco atunero sabía que estaba en una zona peligrosa. Nadie obliga a un barco a faenar en una zona con evidente peligro de secuestro. Es más, aquellos que se embarcan como marineros en estos barcos saben que corren ese peligro y lo cobran. Eso no significa que no tengan derecho a estar allí, cuidado, lo que digo es que saben a lo que se enfrentan.

Segundo, un barco pertenece a una empresa. Su seguridad depende de dicha empresa, no del Ministerio de Defensa. Los militares españoles no tienen porqué, ni pueden, ni deben viajar a bordo de un barco que pertenece a una empresa privada para que no lo secuestren. Si la empresa de verdad está preocupada por sus marineros debe dotar a la tripulación de los medios para defenderse, dentro de la ley, es decir, contratando seguridad privada.

Y tercero, mientras el gobierno español, sea del signo que sea, siga negociando con secuestradores de barcos en la zona de influencia de la piratería somalí, estos seguirán secuestrando barcos españoles. Es así de simple. Con esto no estoy diciendo que no se negocie la liberación del Alakrana, estoy destacando algo que es obvio. Sería bueno que, una vez liberado el Alakrana, el gobierno haga todo lo posible por eliminar la amenaza de los piratas somalíes en la zona. Para ello existe un ámplio abanico de posibilidades, entre ellas fomentar un plan claro y público de eliminación de peligros en la zona junto a los aliados que, ahora mismo, también tienen barcos en la zona.

Tele MACO

Un artículo, un vídeo

Sería bueno entender que lo que para unos es una desgracia familiar, para otros significa la supervivencia de un pueblo – háganselo mirar a fin de eliminar el peligro de la piratería somalí-

Buenas noches, y buena suerte…

Ôo-~

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