En 1984, William Gibson hizo famoso el término Ciberespacio, incluyéndolo en su novela Neuroamante, aunque, en realidad, la primera vez que lo usó fue en su recopilatorio de relatos anterior, Burning Chrome. Después, el ocho de febrero de 1996, un auditorio con la boca abierta, en Davos, Suiza, escuchaba a John Perry Barlow advertirles sobre lo que significa el ciberespacio mediante una declaración de independencia que, por desgracia, cada vez se nos hace más difícil recordar. Y, sin embargo, jamás ha estado más de actualidad. Su primer párrafo es algo que aquellos que trabajamos y nos desenvolvemos en el ciberespacio no deberíamos olvidar jamás, “Gobiernos del Mundo Industrial, vosotros, cansados gigantes de carne y acero, vengo del Ciberespacio, el nuevo hogar de la Mente. En nombre del futuro, os pido en el pasado que nos dejéis en paz. No sois bienvenidos entre nosotros. No ejercéis ninguna soberanía sobre el lugar donde nos reunimos (…)”.
Escuche música mientras lee, me lo agradecerá
Recuerdo a la perfección cuando leí por primera vez la declaración de independencia del ciberespacio. Éramos tres mindundis que jugueteábamos con el sistema de red, si es que a aquel amasijo de cables se le podía llamar sistema, del Hospital Insular de Gran Canaria. En realidad no funcionaba… es decir, funcionar funcionaba, pero no se usaba – no pregunten-, y nosotros aprovechábamos para entrar en internet a una velocidad irrisoria en comparación con cualquier conexión de hoy día – no creo que a estas alturas de la película importe que lo diga-. Nada más leerla se entabló una discusión entre los tres. Para empezar, no teníamos ni idea de quien era aquel cristiano que reclamaba el ciberespacio como frontera libre para el intercambio de ideas. Luego, cosas de divagar, coincidimos en que nos parecía lógico que el ciberespacio perteneciera a quien desarrollaba su, digámoslo así, vida en el.
Dentro de lo que cabe, haber nacido en la generación que tomó ese primer contacto con internet, haber tenido la oportunidad de ver como se pasaba de aquel TELNET al IRC, el paso de los canales de noticias en usenet a los foros, la aparición de los chats, los blogs, el rss, el Facebook, el Twitter, la inmensa democratización de la información y la opinión, la creación de sistemas operativos libres desarrollados por comunidades de usuarios, mientras una vez y otra, y otra las administraciones públicas optan por soluciones propietarias peores, más caras y limitadas. Tiempos excitantes – me ha quedado cursi, pero es lo que hay-.
Sin embargo, en trece años, pasamos de la excitación que nos producía aquella declaración de independencia que dejó con la boca abierta a lo más granado de la representación industrial y económica de la época… a que este esté empeñado en esto. Pasamos de soñar con un mundo virtual de intelecto e intercambio libre de ideas, al intento de imposición de reglas que no son las nuestras por parte de aquellos que tienen el poder y el dinero suficiente para hacerlo. Y lo intentan en los tribunales, imponiendo protocolos de actuación a grupos de opinión, intentando aprovechar las redes sociales para sacar lasca del uso que el resto hacemos de ellas, regulando como propiedad lo que no tiene propiedad, imponiendo leyes que restrinjan nuestro derecho a hacer y existir como queramos en el ciberespacio…
En vista de todo esto la pregunta que se impone es óbvia. ¿Estamos en guerra? ¿Se nos ha declarado la guerra y no ha habido diplomáticos sentados a nuestra puerta para entregarnos la declaración de apertura de hostilidades? No se asombren, es una pregunta sencilla, ¿Aquellos que usamos y queremos un ciberespacio desde el punto de vista que exponía John Perry Barlow, por muy republicano y defensor del copyright que, por desgracia, sea, estamos en guerra? Y, si es así, ¿Qué vamos a hacer para defender nuestra independencia de esos ataques desde fuera del ciberespacio? ¿Nos quedaremos callados, dejaremos que pase, que nos lo roben, o plantaremos cara? Esa es la pregunta del millón.
“(…) Estamos creando un mundo donde cualquiera, en cualquier sitio, puede expresar sus creencias, sin importar lo singulares que sean, sin miedo a ser coaccionado al silencio o el conformismo. Vuestros conceptos legales sobre propiedad, expresión, identidad, movimiento y contexto no se aplican a nosotros. Se basan en la materia. Aquí no hay materia (…)”, y sería bueno que lo recordárais, antes de que nos cabreéis de verdad, porque, lo que es a mi, me tenéis ya hasta los mismísimos.
Buenas noches, y buena suerte…
Ôo-~
La imagen que ves al principio del artículo pertenece a Daniel Martins. ¿Te ha gustado? ¡¡¡Pues dícelo, coñe, dícelo!!!

Paco Piniella
Yo soy optimista no se pueden poner barreras al río que fluye, a la marea, a los vientos,…
15 Nov, 2009 a las 7:26 pm
Miguel çAlvarez
Por ahora cabalgamos, viendo los palos que lanzan a los caballos pero cabalgamos.
Me parece imposible que podamos hacer lo que hacemos. No dudo que trataran de mandarnos mas palos, que trataran de frenarnos.
No se trata solo de sacar dinero, unos quieren sacar dinero pero otros lo del dinero no les preocupa tanto, al menos en el primer plazo, le preocupa sobre todo el que pueda haber islas de libertad.
Lo de China, Cuba, Iran y otros no dudo que intentaran de que sea de pronta aplicación en los paises “libres”. Menuda paradoja.
Saludos,
17 Nov, 2009 a las 6:31 pm
Pedro
Hola,
Internet es como todas las revoluciones e inventos de la humanidad: Será positivo o negativo en función de lo que hagamos con ellos los seres humanos. Puede ser especio de libertad, de información veraz, de rebeldía bien entendida, de nuevos movimientos sociales contra la ignorancia y la idiotización; o todo lo contrario: Fuente de manipulación, de control de datos personales, de extensión de ideas que interesen a algunos, de fraudes…
No me ha gustado hacer planteamientos extremos. Internet no es ni bueno ni malo, será lo que hagamos de él. Por mi parte, y al igual que tu, mantengo mi modesto espacio personal creando una alíuota parte de la red dedicada a la reflexión personal política e histórica.
Un saludo.
22 Nov, 2009 a las 10:38 pm
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