Capítulo 11: Las nueve situaciones — texto completo

Este es el texto íntegro del capítulo 11 de El Arte de la Guerra de Sun Tzu, en la traducción propia de ElArteDeLaGuerra.es: español actual y claro, fiel al sentido del original, con la numeración clásica de versículos que permite citar cualquier pasaje. Si prefieres las ideas clave y su aplicación moderna, consulta el resumen y análisis del capítulo 11.

El texto

1. Sun Tzu dijo: El arte de la guerra reconoce nueve clases de terreno: (1) terreno de dispersión; (2) terreno fácil; (3) terreno disputado; (4) terreno abierto; (5) terreno de encrucijada; (6) terreno grave; (7) terreno difícil; (8) terreno cercado; (9) terreno desesperado.

2. Cuando un jefe combate en su propio territorio, es terreno de dispersión.

3. Cuando ha penetrado en territorio hostil, pero no a gran profundidad, es terreno fácil.

4. El terreno cuya posesión aporta gran ventaja a cualquiera de los dos bandos es terreno disputado.

5. El terreno en el que ambos bandos tienen libertad de movimiento es terreno abierto.

6. El terreno que constituye la llave de tres estados contiguos, de modo que quien lo ocupa primero tiene a su disposición la mayor parte del Imperio, es terreno de encrucijada.

7. Cuando un ejército ha penetrado hasta el corazón de un país hostil, dejando a su espalda varias ciudades fortificadas, es terreno grave.

8. Bosques de montaña, pendientes escarpadas, marismas y ciénagas: todo país difícil de atravesar es terreno difícil.

9. El terreno al que se llega por desfiladeros estrechos, y del que solo se puede salir por sendas tortuosas, de modo que un puñado de enemigos bastaría para aplastar a un gran número de los nuestros, es terreno cercado.

10. El terreno en el que solo podemos librarnos de la destrucción luchando sin demora es terreno desesperado.

11. Por tanto, en terreno de dispersión, no combatas. En terreno fácil, no te detengas. En terreno disputado, no ataques.

12. En terreno abierto, no intentes cerrar el paso al enemigo. En terreno de encrucijada, estrecha lazos con tus aliados.

13. En terreno grave, recoge botín. En terreno difícil, mantén la marcha sin pausa.

14. En terreno cercado, recurre a la estratagema. En terreno desesperado, lucha.

15. Los que antaño eran llamados jefes hábiles sabían abrir una cuña entre la vanguardia y la retaguardia del enemigo; impedir la cooperación entre sus divisiones grandes y pequeñas; estorbar que las tropas buenas socorrieran a las malas y que los oficiales reagruparan a sus hombres.

16. Cuando los hombres del enemigo estaban dispersos, les impedían concentrarse; incluso cuando sus fuerzas estaban unidas, se las arreglaban para mantenerlas en desorden.

17. Cuando les convenía, avanzaban; cuando no, permanecían quietos.

18. Si se me preguntara cómo hacer frente a una gran hueste enemiga en formación ordenada y a punto de marchar al ataque, respondería: «Empieza por apoderarte de algo que tu adversario aprecie; entonces se plegará a tu voluntad».

19. La rapidez es la esencia de la guerra: aprovecha la desprevención del enemigo, avanza por rutas inesperadas y ataca los puntos desguarnecidos.

20. Estos son los principios que debe observar una fuerza invasora: cuanto más penetres en un país, mayor será la cohesión de tus tropas, y así los defensores no prevalecerán contra ti.

21. Haz incursiones en país fértil para abastecer de víveres a tu ejército.

22. Vela con atención por el bienestar de tus hombres y no los agotes. Concentra tu energía y reserva tus fuerzas. Mantén a tu ejército en movimiento continuo y trama planes insondables.

23. Lanza a tus soldados a posiciones sin escapatoria y preferirán la muerte a la huida. Si están dispuestos a morir, no hay nada que no puedan lograr. Oficiales y soldados por igual darán hasta la última gota de sus fuerzas.

24. Los soldados, en un aprieto desesperado, pierden el sentido del miedo. Si no hay refugio posible, se mantendrán firmes. Si están en el corazón de un país hostil, opondrán un frente tenaz. Si no hay otro remedio, lucharán con dureza.

25. Así, sin esperar a que se les forme, los soldados estarán siempre alerta; sin esperar a que se les pida, cumplirán tu voluntad; sin imposiciones, serán leales; sin necesidad de órdenes, se podrá confiar en ellos.

26. Prohíbe la consulta de presagios y disipa las dudas supersticiosas. Entonces, hasta que llegue la propia muerte, no habrá calamidad que temer.

27. Si nuestros soldados no van cargados de dinero, no es porque desdeñen las riquezas; si sus vidas no son especialmente largas, no es porque les desagrade la longevidad.

28. El día en que se les ordena salir a combatir, tus soldados pueden llorar: los que están sentados, empapando sus ropas; los que están tumbados, dejando correr las lágrimas por las mejillas. Pero ponlos entre la espada y la pared, y mostrarán el valor de un Chu o de un Kuei.

29. El táctico hábil puede compararse al *shuai-jan*. El *shuai-jan* es una serpiente que se encuentra en los montes Ch'ang. Golpéala en la cabeza y te atacará con la cola; golpéala en la cola y te atacará con la cabeza; golpéala en el medio y te atacará con la cabeza y la cola a la vez.

30. Si se me preguntara si un ejército puede imitar al *shuai-jan*, respondería que sí. Porque los hombres de Wu y los hombres de Yüeh son enemigos; y sin embargo, si cruzan un río en la misma barca y los sorprende una tormenta, se socorrerán unos a otros igual que la mano izquierda ayuda a la derecha.

31. Por eso no basta con confiar en atar los caballos y enterrar las ruedas de los carros.

32. El principio para dirigir un ejército es fijar un único nivel de valor que todos deban alcanzar.

33. Cómo sacar el mejor partido de fuertes y débiles: he ahí una cuestión que atañe al uso adecuado del terreno.

34. Así, el general hábil conduce su ejército como si llevara de la mano a un solo hombre, quiera este o no.

35. Corresponde al general ser sereno, y así garantizar el secreto; recto y justo, y así mantener el orden.

36. Debe ser capaz de desconcertar a sus oficiales y soldados con informes y apariencias falsas, manteniéndolos así en completa ignorancia.

37. Alterando sus disposiciones y cambiando sus planes, impide que el enemigo sepa nada con certeza. Trasladando su campamento y tomando rutas sinuosas, evita que el enemigo anticipe su propósito.

38. En el momento crítico, el jefe de un ejército actúa como quien trepa a una altura y luego retira la escalera tras de sí. Lleva a sus hombres a lo profundo del territorio hostil antes de descubrir su juego.

39. Quema sus barcas y rompe sus ollas; como un pastor que conduce un rebaño de ovejas, lleva a sus hombres de acá para allá sin que nadie sepa adónde va.

40. Reunir su hueste y llevarla al peligro: en esto puede decirse que consiste el oficio del general.

41. Las distintas medidas que convienen a las nueve clases de terreno; la conveniencia de la táctica ofensiva o defensiva; y las leyes fundamentales de la naturaleza humana: he aquí cosas que sin duda alguna deben estudiarse.

42. Al invadir territorio hostil, el principio general es que penetrar a fondo trae cohesión; penetrar poco, dispersión.

43. Cuando dejas atrás tu propio país y llevas tu ejército a través de territorio vecino, te encuentras en terreno crítico. Cuando hay vías de comunicación por los cuatro costados, el terreno es de encrucijada.

44. Cuando penetras a fondo en un país, es terreno grave. Cuando penetras poco, es terreno fácil.

45. Cuando tienes las plazas fuertes del enemigo a la espalda y pasos estrechos delante, es terreno cercado. Cuando no hay refugio alguno, es terreno desesperado.

46. Por tanto, en terreno de dispersión inspiraría a mis hombres unidad de propósito. En terreno fácil, cuidaría de que hubiera estrecha conexión entre todas las partes de mi ejército.

47. En terreno disputado, apresuraría mi retaguardia.

48. En terreno abierto, vigilaría atentamente mis defensas. En terreno de encrucijada, consolidaría mis alianzas.

49. En terreno grave, procuraría asegurar un flujo continuo de suministros. En terreno difícil, seguiría avanzando por el camino.

50. En terreno cercado, cerraría toda vía de retirada. En terreno desesperado, proclamaría a mis soldados que no hay esperanza de salvar la vida.

51. Porque es propio del soldado ofrecer una resistencia obstinada cuando está rodeado, luchar con dureza cuando no le queda otro remedio y obedecer con prontitud cuando ha caído en el peligro.

52. No podemos pactar alianzas con los príncipes vecinos hasta conocer sus designios. No estamos en condiciones de conducir un ejército en marcha si no conocemos la fisonomía del país: sus montañas y bosques, sus barrancos y precipicios, sus marismas y pantanos. No sabremos aprovechar las ventajas naturales si no recurrimos a guías locales.

53. Ignorar uno solo de los cuatro o cinco principios siguientes no es digno de un príncipe guerrero.

54. Cuando un príncipe guerrero ataca a un Estado poderoso, su talento de mando se muestra en impedir la concentración de las fuerzas enemigas. Intimida a sus adversarios y evita que los aliados de estos se unan contra él.

55. Por eso no se afana en aliarse con unos y con otros, ni fomenta el poder de otros Estados. Ejecuta sus propios designios secretos, manteniendo a sus antagonistas en el temor. Así logra tomar sus ciudades y derribar sus reinos.

56. Otorga recompensas sin atenerte a regla, dicta órdenes sin atenerte a acuerdos previos, y podrás manejar un ejército entero como si trataras con un solo hombre.

57. Enfrenta a tus soldados con el hecho consumado; nunca les reveles tu designio. Cuando la perspectiva sea favorable, pónsela ante los ojos; pero no les digas nada cuando la situación sea sombría.

58. Pon a tu ejército en peligro de muerte y sobrevivirá; húndelo en un trance desesperado y saldrá a salvo.

59. Porque es precisamente cuando una fuerza ha caído en el peligro cuando es capaz de dar el golpe de la victoria.

60. El éxito en la guerra se logra acomodándonos con cuidado al propósito del enemigo.

61. Manteniéndonos con persistencia pegados al flanco del enemigo, acabaremos, a la larga, por matar al comandante en jefe.

62. A esto se le llama la capacidad de lograr algo por pura astucia.

63. El día en que asumas el mando, cierra los pasos fronterizos, destruye las tablillas oficiales y detén el paso de todos los emisarios.

64. Muéstrate severo en la cámara del consejo, para dominar la situación.

65. Si el enemigo deja una puerta abierta, precipítate por ella.

66. Anticípate a tu adversario apoderándote de lo que aprecia, e ingéniatelas con sutileza para decidir el momento de su llegada al terreno.

67. Camina por la senda que marca la regla y acomódate al enemigo hasta que puedas librar una batalla decisiva.

68. Al principio, pues, muestra la timidez de una doncella, hasta que el enemigo te ofrezca una brecha; después emula la rapidez de una liebre en carrera, y será demasiado tarde para que el enemigo se te oponga.


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