Este es el texto íntegro del capítulo 13 de El Arte de la Guerra de Sun Tzu, en la traducción propia de ElArteDeLaGuerra.es: español actual y claro, fiel al sentido del original, con la numeración clásica de versículos que permite citar cualquier pasaje. Si prefieres las ideas clave y su aplicación moderna, consulta el resumen y análisis del capítulo 13.
1. Sun Tzu dijo: Levantar un ejército de cien mil hombres y hacerlo marchar grandes distancias supone graves pérdidas para el pueblo y un desgaste de los recursos del Estado. El gasto diario ascenderá a mil onzas de plata. Habrá agitación dentro y fuera del país, y los hombres caerán exhaustos por los caminos. Hasta setecientas mil familias verán entorpecido su trabajo.
2. Dos ejércitos enemigos pueden enfrentarse durante años en pos de una victoria que se decide en un solo día. Siendo así, permanecer en la ignorancia de la situación del enemigo solo por escatimar cien onzas de plata en honores y recompensas es el colmo de la inhumanidad.
3. Quien así actúa no es caudillo de hombres, ni ayuda útil para su soberano, ni artífice de la victoria.
4. Así pues, lo que permite al soberano sabio y al buen general golpear y vencer, y lograr cosas fuera del alcance de los hombres corrientes, es el conocimiento previo.
5. Ahora bien, ese conocimiento previo no puede obtenerse de los espíritus; no puede extraerse de la experiencia por inducción, ni alcanzarse por ningún cálculo deductivo.
6. El conocimiento de las disposiciones del enemigo solo puede obtenerse de otros hombres.
7. De ahí el empleo de espías, de los que hay cinco clases: (1) espías locales; (2) espías internos; (3) espías convertidos; (4) espías condenados; (5) espías supervivientes.
8. Cuando estas cinco clases de espías trabajan a la vez, nadie puede descubrir el sistema secreto. Es lo que se llama «el manejo divino de los hilos», y es la facultad más preciada del soberano.
9. Tener espías locales significa emplear los servicios de los habitantes de un distrito.
10. Tener espías internos, servirse de los funcionarios del enemigo.
11. Tener espías convertidos, apoderarse de los espías del enemigo y usarlos para nuestros propios fines.
12. Tener espías condenados, hacer abiertamente ciertas cosas con ánimo de engañar, y permitir que nuestros propios espías las conozcan y las comuniquen al enemigo.
13. Los espías supervivientes, por último, son los que regresan con noticias del campamento enemigo.
14. De ahí que con nadie en todo el ejército deban mantenerse relaciones más estrechas que con los espías. Nadie debe ser recompensado con más generosidad. En ningún otro asunto debe guardarse mayor secreto.
15. Los espías no pueden emplearse con provecho sin una cierta sagacidad intuitiva.
16. No pueden dirigirse como es debido sin benevolencia y rectitud.
17. Sin una sutil agudeza de espíritu, no es posible asegurarse de la verdad de sus informes.
18. ¡Sé sutil! ¡Sé sutil! Y emplea a tus espías para toda clase de asuntos.
19. Si un espía divulga una noticia secreta antes de tiempo, debe morir junto con el hombre a quien se la contó.
20. Ya se trate de aplastar un ejército, de asaltar una ciudad o de asesinar a una persona, siempre es necesario empezar por averiguar los nombres de los sirvientes, los ayudantes de campo, los porteros y los centinelas del general al mando. Nuestros espías deben recibir el encargo de averiguarlos.
21. A los espías enemigos que hayan venido a espiarnos hay que buscarlos, tentarlos con sobornos, atraerlos a nuestro bando y alojarlos con comodidad. Así se convertirán en espías convertidos y quedarán a nuestro servicio.
22. Gracias a la información que aporta el espía convertido podemos reclutar y emplear espías locales e internos.
23. Gracias a su información, también, podemos hacer que el espía condenado lleve noticias falsas al enemigo.
24. Por último, es su información la que permite emplear al espía superviviente en las ocasiones señaladas.
25. El fin y el objeto del espionaje, en sus cinco variedades, es el conocimiento del enemigo; y ese conocimiento solo puede proceder, en primera instancia, del espía convertido. Por eso es esencial tratar al espía convertido con la máxima generosidad.
26. Antaño, el ascenso de la dinastía Yin se debió a I Chih, que había servido a los Hsia. Del mismo modo, el ascenso de la dinastía Chou se debió a Lü Ya, que había servido a los Yin.
27. Por eso solo el gobernante ilustrado y el general sabio emplean a las inteligencias más altas del ejército para el espionaje, y así logran grandes resultados. Los espías son un elemento fundamental en la guerra, porque de ellos depende la capacidad de movimiento de un ejército.