Capítulo 3: La estrategia ofensiva — texto completo

Este es el texto íntegro del capítulo 3 de El Arte de la Guerra de Sun Tzu, en la traducción propia de ElArteDeLaGuerra.es: español actual y claro, fiel al sentido del original, con la numeración clásica de versículos que permite citar cualquier pasaje. Si prefieres las ideas clave y su aplicación moderna, consulta el resumen y análisis del capítulo 3.

El texto

1. Sun Tzu dijo: En la práctica del arte de la guerra, lo mejor de todo es tomar el país enemigo entero e intacto; destrozarlo y destruirlo no es tan bueno. Del mismo modo, es mejor capturar un ejército completo que destruirlo, y capturar un regimiento, un destacamento o una compañía enteros que aniquilarlos.

2. Por eso, luchar y vencer en todas las batallas no es la excelencia suprema; la excelencia suprema consiste en quebrar la resistencia del enemigo sin combatir.

3. Así, la forma más alta del mando militar es frustrar los planes del enemigo; la siguiente, impedir que sus fuerzas se unan; después viene atacar a su ejército en campo abierto; y la peor política de todas es asediar ciudades amuralladas.

4. La regla es no asediar ciudades amuralladas si puede evitarse de algún modo. Preparar los manteletes, los refugios móviles y los diversos pertrechos de guerra llevará tres meses enteros; y levantar terraplenes frente a las murallas llevará otros tres.

5. El general, incapaz de dominar su impaciencia, lanzará a sus hombres al asalto como un enjambre de hormigas, con el resultado de que un tercio de ellos morirá sin que la ciudad haya caído. Tales son los efectos desastrosos de un asedio.

6. Por tanto, el jefe hábil somete a las tropas enemigas sin combatir; toma sus ciudades sin asediarlas; derriba su reino sin largas operaciones en el campo.

7. Con sus fuerzas intactas disputará el dominio del Imperio y así, sin perder un solo hombre, su triunfo será completo. Este es el método de atacar por estratagema.

8. La regla en la guerra es esta: si nuestras fuerzas son diez contra una del enemigo, rodearlo; si cinco contra una, atacarlo; si le doblamos en número, dividir nuestro ejército en dos.

9. Si las fuerzas están igualadas, podemos presentar batalla; si somos ligeramente inferiores en número, podemos evitar al enemigo; si somos inferiores en todos los aspectos, podemos huir de él.

10. Por eso, aunque una fuerza pequeña pueda resistir con obstinación, al final acabará capturada por la fuerza mayor.

11. Ahora bien, el general es el baluarte del Estado: si el baluarte está completo en todos sus puntos, el Estado será fuerte; si el baluarte tiene grietas, el Estado será débil.

12. Hay tres maneras en que un gobernante puede acarrear la desgracia a su ejército:

13. (1) Ordenar al ejército que avance o retroceda ignorando que no puede obedecer. A esto se le llama maniatar al ejército.

14. (2) Pretender gobernar un ejército igual que administra un reino, ignorando las condiciones propias de la vida militar. Esto siembra la inquietud en el ánimo de los soldados.

15. (3) Emplear a los oficiales de su ejército sin distinguir entre ellos, por ignorar el principio militar de adaptarse a las circunstancias. Esto quebranta la confianza de los soldados.

16. Y cuando el ejército está inquieto y desconfiado, los problemas con los demás príncipes feudales no tardarán en llegar. Esto no es más que sembrar la anarquía en el ejército y regalar la victoria.

17. Así podemos saber que hay cinco condiciones esenciales para la victoria: (1) Vencerá quien sabe cuándo luchar y cuándo no luchar. (2) Vencerá quien sabe manejar tanto fuerzas superiores como inferiores. (3) Vencerá aquel cuyo ejército está animado por un mismo espíritu en todos sus rangos. (4) Vencerá quien, estando él preparado, espera para sorprender al enemigo desprevenido. (5) Vencerá quien tiene capacidad militar y no sufre la injerencia del soberano. La victoria reside en el conocimiento de estos cinco puntos.

18. De ahí el dicho: si conoces al enemigo y te conoces a ti mismo, no debes temer el resultado de cien batallas. Si te conoces a ti mismo pero no al enemigo, por cada victoria que obtengas sufrirás también una derrota. Si no conoces al enemigo ni te conoces a ti mismo, sucumbirás en todas las batallas.


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