Este es el texto íntegro del capítulo 6 de El Arte de la Guerra de Sun Tzu, en la traducción propia de ElArteDeLaGuerra.es: español actual y claro, fiel al sentido del original, con la numeración clásica de versículos que permite citar cualquier pasaje. Si prefieres las ideas clave y su aplicación moderna, consulta el resumen y análisis del capítulo 6.
1. Sun Tzu dijo: Quien llega primero al campo de batalla y espera al enemigo estará descansado para el combate; quien llega segundo y debe apresurarse a luchar llegará agotado.
2. Por eso el combatiente hábil impone su voluntad al enemigo, y no permite que el enemigo le imponga la suya.
3. Ofreciéndole ventajas puede hacer que el enemigo se acerque por propia voluntad; o, causándole daño, puede impedirle aproximarse.
4. Si el enemigo descansa tranquilo, puede hostigarlo; si está bien abastecido de víveres, puede hacer que pase hambre; si acampa en calma, puede obligarlo a moverse.
5. Aparece en puntos que el enemigo deba correr a defender; marcha con rapidez hacia lugares donde no te espere.
6. Un ejército puede recorrer grandes distancias sin fatiga si marcha por territorio donde no está el enemigo.
7. Puedes estar seguro del éxito de tus ataques si solo atacas lugares indefensos. Puedes garantizar la seguridad de tu defensa si solo ocupas posiciones que no pueden ser atacadas.
8. Por eso es hábil en el ataque el general cuyo adversario no sabe qué defender; y es hábil en la defensa aquel cuyo adversario no sabe qué atacar.
9. ¡Oh, arte divino de la sutileza y el secreto! Por ti aprendemos a ser invisibles; por ti, inaudibles; y así podemos tener el destino del enemigo en nuestras manos.
10. Puedes avanzar y ser del todo irresistible si te diriges a los puntos débiles del enemigo; puedes retirarte y quedar a salvo de toda persecución si tus movimientos son más rápidos que los suyos.
11. Si queremos combatir, podemos forzar al enemigo a entrar en batalla aunque se resguarde tras una alta muralla y un foso profundo. Basta con atacar algún otro punto que se vea obligado a socorrer.
12. Si no queremos combatir, podemos impedir que el enemigo nos ataque aunque las líneas de nuestro campamento estén apenas trazadas en el suelo. Basta con poner en su camino algo extraño e inexplicable.
13. Descubriendo las disposiciones del enemigo y permaneciendo nosotros invisibles, podemos mantener nuestras fuerzas concentradas mientras las suyas han de dividirse.
14. Podemos formar un solo cuerpo unido, mientras el enemigo debe fragmentarse. Habrá entonces un todo enfrentado a partes sueltas de un todo, lo que significa que seremos muchos frente a los pocos del enemigo.
15. Y si así podemos atacar a una fuerza inferior con otra superior, nuestros adversarios se verán en graves aprietos.
16. El lugar donde pensamos combatir no debe darse a conocer; así el enemigo tendrá que prepararse contra un posible ataque en varios puntos distintos; y, con sus fuerzas repartidas en muchas direcciones, los efectivos que encontraremos en cada punto serán proporcionalmente escasos.
17. Pues si el enemigo refuerza su vanguardia, debilitará su retaguardia; si refuerza su retaguardia, debilitará su vanguardia; si refuerza su izquierda, debilitará su derecha; si refuerza su derecha, debilitará su izquierda. Si envía refuerzos a todas partes, será débil en todas partes.
18. La debilidad numérica nace de tener que prepararse contra posibles ataques; la fuerza numérica, de obligar al adversario a hacer esos preparativos contra nosotros.
19. Conociendo el lugar y el momento de la batalla que se avecina, podemos concentrarnos desde las mayores distancias para combatir.
20. Pero si no se conocen ni el momento ni el lugar, el ala izquierda no podrá socorrer a la derecha, ni la derecha a la izquierda, ni la vanguardia auxiliar a la retaguardia, ni la retaguardia sostener a la vanguardia. ¡Cuánto más si las partes más alejadas del ejército distan entre sí hasta cien li, y aun las más próximas están separadas por varios li!
21. Aunque, según mis cálculos, los soldados de Yue superan en número a los nuestros, eso de nada les servirá para la victoria. Afirmo, pues, que la victoria puede lograrse.
22. Aunque el enemigo sea superior en número, podemos impedirle combatir. Maniobra para descubrir sus planes y las probabilidades de que tengan éxito.
23. Provócalo, y conoce el principio de su actividad o de su inactividad. Oblígalo a mostrarse, para descubrir sus puntos vulnerables.
24. Compara con cuidado el ejército contrario con el tuyo, para saber dónde sobra la fuerza y dónde falta.
25. Al tomar disposiciones tácticas, lo más alto que puedes alcanzar es ocultarlas; oculta tus disposiciones y estarás a salvo de la curiosidad de los espías más sutiles y de las maquinaciones de las mentes más sagaces.
26. Cómo puede obtenerse la victoria a partir de la propia táctica del enemigo: eso es lo que la multitud no alcanza a comprender.
27. Todos los hombres pueden ver la táctica con la que venzo, pero nadie puede ver la estrategia de la que nace la victoria.
28. No repitas la táctica que te dio una victoria; deja que tus métodos se ajusten a la infinita variedad de las circunstancias.
29. La táctica militar es como el agua, pues el agua, en su curso natural, huye de las alturas y se apresura hacia abajo.
30. Así, en la guerra, el camino consiste en evitar lo fuerte y golpear lo débil.
31. El agua traza su curso según la naturaleza del terreno por el que fluye; el soldado forja su victoria según el enemigo al que se enfrenta.
32. Por tanto, igual que el agua no conserva una forma constante, en la guerra no hay condiciones constantes.
33. Quien sabe modificar su táctica según el adversario y lograr así la victoria merece llamarse capitán nacido del Cielo.
34. Los cinco elementos (agua, fuego, madera, metal, tierra) no predominan siempre por igual; las cuatro estaciones se ceden el paso unas a otras. Hay días cortos y días largos; la luna mengua y crece por periodos.